Los papeles de Tovar

El blog de Gregorio Tovar. Una invitación a que revuelvas y critiques los papeles de un maestro de escuela.

Lusitania por Europa

 

 

Quizá en Bruselas no saben quién fue Viriato aunque sepan con certeza quién es Puigdemont. No corren buenos aires en aquel núcleo duro del Benelux; la misma ciudad y país que abrigaron el ayuntamiento de naciones de la Europa Occidental, son incapaces de mostrarse como ejemplo de tolerancia que sepa enriquecer las diferencias que a veces arrastran los idiomas y las aspiraciones. No me gustaría que el último huracán levantisco protagonizado por Inglaterra marcase el inicio de una tendencia desintegradora.

Recordemos que aquella provincia romana del oeste ibérico tenía su capital en lo que hoy es Mérida y, aunque a mucha de nuestra gente le gusta la Historia, a las gentes de ahora nos la veo yo inclinadas a recuperar sentimientos y debilidades de épocas pasadas. Tampoco las percibo adeptas a dar un vencijón agradable a la deshilachada Unión Europea. Aprovechando que el gobierno inglés nos ha dejado con goteras en algún techo y porquerías en los rincones, bien que debiéramos superar las amenazas que apuntan los estudiosos de la pérfida historia inglesa. Siempre se han comportado así. El nuevo empuje bien pudiera iniciarse desde el sur europeo y mejor concretamente desde el mismo centro de la zona lusitana, región que permanece casi aislada, poco comunicada como una especia de tumor benigno que alguien debe sajar para limpiar cúmulos infectos.

A lo largo y ancho de la vieja Europa no se aprecian señales luminosas

El gobierno extremeño puede sentirse en la obligación de reanudar Madrid con Lisboa para que sus campos y cielos sean atravesados por los diversos medios de comunicación; pues aquí, en la Europa de Abajo, siguen dos capitales de dos naciones dándose la espalda, asustadas por la lejanía y fíjense que para su enlace no hay que tunelar montañas, pues ambas ciudades se enclavan en el mismo valle que el río Tajo lleva esculpiendo desde milenios.

Acudiendo a razones más cercanas en el espacio y en el tiempo, este nuevo proceso centrípeto difuminará la locura y desafío centrífugo de esa intención arropada por personajes distinguidos por no respetar las leyes.

Extremadura debe creerse que tiene la obligación de decidir y animar pasos que recuperen y reciclen lo que los Santos Inocentes nos enseñaron, ya que a lo largo y ancho de la vieja Europa no se aprecian señales luminosas que sigan alumbrando el Tratado de Roma o el vuelo de la Milana.

Goyo

28-mar-20

 

Con las manos en los bolsillos

 

Siso dejó la escuela muy pronto, como era la regla de los pueblos en la época de los ancestros de Vox; sin embargo, las experiencias lo han convertido en docto. De todos los licenciados y doctores que conozco, nadie me ha sabido explicar el sustento ético y legal que explique aún que el melocotón selecto, en su grado justo de madurez, en su culmen de color y sabor se compre al agricultor a 17 céntimos el kilo y no lo encontremos en ninguna tienda de al lado porque ya ha sido reservado para la exportación. Lo nuestro es más barato porque no merecemos la calidad suprema.

 

La calidad superior se vende en nuestros comercios -por definición- a un precio diez veces superior. El resto de calidades dibuja un espectro que atosiga a los expertos economistas que ni anticipan, ni comprenden, ni saben regular los precios. Entenderéis entonces mi declarada apostasía de eso que dicen que se llama ciencia económica.

 

El amigo Siso dejó de ser pastor después de cuatro años cuidando las ovejas del amo de su padre. Las cuidaba y las guardaba con la obediencia purísima que el padre merecía, pero no por su entera convicción de que aquello fuese oficio digno según el salario que recibía, que debió ser tan escaso que ya no lo recuerda. Como a ello también se sumaba la posibilidad de caer en otra servidumbre similar a la paterna, afrontó la huída del campo y obtuvo asiento profesional en el almacén de piensos para el ganado, pesando kilos, repartiendo sacos, cobrando encargos,…

 

Descubrió no obstante que existían dos personas en aquel pueblo que ni llenaban sacos, ni empujaban carretillas, ni pesaban con esmero; sólo se ocupaban de trasladar demandas de compraventa bajo rudas y simples anotaciones en una libretita; es decir, ligar la demanda de piensos a la oferta del almacén y eso -decía Siso- les permitía vivir la mayor parte del tiempo en el bar, “con las manos en los bolsillos” y la cabeza ordenada sin necesidad de ordenador.

 

El ministro actual del sector primario propugna una ley por la que no podrá haber nadie que venda por debajo de los que cuesta producir, y que con controles se obligue al menos a pagar al agricultor lo que le ha costado producir sus productos. Y si no es así, podrá perseguirse. Mi duda está en saber si tal ley asegurará también que nadie comprará por debajo de lo que cuesta producir.

16-feb-20

Cordura

 

Cuando tenemos la suerte de creernos que nos gobierna una mente sana, que no sufre ni padece trastorno y que nos hace sentirnos repletos en la capacidad de pensar, obrar y reflexionar, tenemos casi todas las armas para sentirnos felices. Ejecutando todas estas potencialidades podemos llegar a edificar una sólida estructura crítica, con todas sus ventajas e inconvenientes. Pero como algunos sabios nos avisaron de que quien añade cordura añade infelicidad; así me encuentro en la enorme duda de si sería mejor dejarse llevar por la locura, la estupidez o la payasada. Cualquiera de las tres puede producir risa que también nos puede llevar a la felicidad.

Las experiencias sirven para certificar las dudas. Esta experiencia que ahora narro la cuajé en unas cortas vacaciones de verano en las costas gallegas del norte de Pontevedra y sur de La Coruña. Recorrimos a pie buena parte del litoral porque disfrutábamos de la bravura de las olas entre las rocas. Ya ven, para los sujetos del interior, el incesante mar con sus mareas y empujones constantes constituía el espectáculo de diversión cotidiana. No éramos capaces de decir que siempre veíamos lo mismo; el mar cuando se orilla vuelve a crear otra oportunidad de diálogo con la tierra.

El inquebrantable movimiento de las aguas convierte su aparente debilidad en erosión de las rocas más duras

No obstante, percibíamos detalles en los que siempre aparecía lo mismo: muchas edificaciones y actuaciones humanas del litoral (carreteras, paseos, almacenes, fábricas, casas,…) se habían ejecutado como desafiando groseramente ese diálogo de vaivén entre las aguas y las tierras. De ordinario, las tierras son quietas y las aguas tornadizas y además, el inquebrantable movimiento de las aguas convierte su aparente debilidad en erosión de las rocas más duras. Gana siempre el mar.

Yo era entonces algo conocedor de nuestra Ley de Aguas, de esas cosas de derecho al paso de policía, del ejido de los pozos públicos, de la máxima avenida conocida en los arroyos y de otros pintorescos detalles que parecen de otros siglos. Tú le nombras a un señor constructor alguna de estas expresiones y le viene la risa feliz.

Llevamos casi una semana conociendo muestras inequívocas de que se ha intentado burlar la cordura y el dominio del mar sobre el litoral; la borrasca bautizada como Gloria, nos sirve gratis y abundantes imágenes de cómo el mar recupera sus propiedades.

04-feb-20

Carta puebla

 

No debemos ausentarnos de las tendencias mediáticas y por ello conviene estar atento a las tendencias informativas. Ahora triunfa el desvelo por lo que llaman España vaciada y pocos son los que concluyen que el despoblamiento se corrige con poblamiento.

 

Cuando estas tierras aún no habían recibido el nombre de España -allá del Duero- los reyes cristianos, los señores eclesiásticos, y otros laicos de la península ibérica, se compusieron para reorganizar con población los territorios que antes habían sido habitados y organizados por el poder musulmán. La clave que hacía apetecible aquellos apetitosos traslados se basaba en otorgar tierras y una serie de beneficios a familias y grupos poblacionales porque así se garantizaba la repoblación de las diversas zonas que por razón económica o estratégica era preciso dotarlas de suficientes habitantes.

 

Hay “teorías” que explican cómo llenar las ciudades y son realmente efectivas: dotarlas de abundantes y grandes centros comerciales, de amplios locales de ocio, de servicios administrativos, de abundantes y ágiles medios de transporte,… Quizá los teóricos no cayeron en la inmediata consecuencia que este diseño arrastra: la eliminación progresiva de los pequeños núcleos urbanos.

 

Cada vez nacen menos niños, quizá sabiendo sus padres que apenas tendrán oportunidades para triunfar laboralmente en el futuro. Una primera apuesta exige disponer qué profesiones se van a necesitar, aunque erren las conjeturas. Para llenar los pueblos, o salen los habitantes sobrantes de las ciudades o se atiende de manera generosa y definitiva a ciudadanos de otros países.

 

No bastaría con recompensar a los pobladores que se atrevan a dejar la ciudad, el estado actual de penuria social de muchos pueblos exige además un tratamiento protector de las personas que no han podido o no han querido abandonar los pequeños núcleos rurales.

 

¿A qué se dedicarían las tierras que pudieran ser reconquistadas demográficamente? Ya no podemos esperar bondades tradicionales sino a una nueva adaptación de las poblaciones a la tecnología que para eso, cualquier terruco sirve un montón. Así pues, se necesitan estudios, dedicaciones y decisiones sociopolíticas que liberen a la población del desencanto y del muermo.

 

Mi duda es si a este desafío podemos denominarlo reconquista rural.

 

Goyo

16-ene-20

 

Depender

 

Parece que somos modernos y cultos escudándonos en la opinión de aquel noble francés, Jean Batiste de Sécondat, que abrazó el desafío de pensar en el poder; de cómo perfeccionar el poder. Y en su análisis concluye que podemos y debemos distinguir tres formas esenciales de ejercer el poder y que, para bien ejecutarlas, no pueden descansar en una única persona. Esta suposición se enfrentó hace tres siglos a la teoría del poder absoluto, que era la posición de la época. Hay otras teorías, mas la usual proviene de la revoltosa Francia.

Aquel señor Montesquieu dijo que alguien debiera ocuparse de redactar las leyes, otras gentes se ocuparían de aplicarlas gobernando y otras, de juzgarlas cuando se produzcan desvaríos. Así se instituyó que el poder legislativo no debía mezclarse con el poder ejecutivo ni inmiscuirse en el poder judicial. Muchos pensaban que este entendimiento, alimenta el riesgo de gobernar mandatos rodeados de tensiones; aunque, a la postre, toda decisión de gobernanza requiere optar por una tensión y abandonar otra.

Más de una vez he mostrado mi extrañeza ante la severa desobediencia de este principio en nuestro entorno y hábito, porque si se asume que la soberanía reside en el pueblo, debiéramos articular lo propio en el pueblo soberano para decidir sobre cada uno de los tres poderes por separado. Parece que no nos tienen en cuenta por entero y sólo nos permiten elegir a los representantes del poder legislativo. Nunca se nos ha ofrecido elegir a los miembros del poder ejecutivo, al gobierno. Tampoco se nos permite elegir a los miembros del poder judicial.

No nos tienen en cuenta por entero y sólo nos permiten elegir a los representantes del poder legislativo

A los representantes que nosotros elegimos -el legislativo- sí se le encomienda la elección de la cabeza del poder ejecutivo -al presidente del Gobierno- y la elección de los componentes del Poder Judicial obedece a una extraña mezcla endogámica aderezada por intereses partidistas. Dicen los defensores del sistema, que los ciudadanos no estamos preparados para elegir a los miembros del Poder Judicial; puede ser, lo extraño es que sí nos consideren aptos para elegir a los legisladores.

Algún profesional de la Justicia me reitera que los jueces son independientes de las querencias ciudadanas o de los partidos y eso es lo que dudo porque unos se apuntan a Jueces por la Democracia y otros se asocian al colectivo Francisco de Vitoria.

Goyo

21-12-19

La cavaera

 

Desde la Presidencia de la Junta de entonces, 1992, se lanzó la oferta dispuesta a fabricar una imagen renaciente de Extremadura aprovechando que en Sevilla se celebraba la EXPO92 y nuestra autonomía disponía de un pabellón donde mostrar tesoros que ni siquiera nosotros acabábamos de valorar. El pabellón disponía de salas, paredes y rincones diseñados para exponer los mejores especímenes.

Así que se concebía la exposición de tal forma que la muestra debía cambiar con los días, no sólo por no aburrir sino por lo mucho que cabía enseñar. Entonces, a los ayuntamientos llegó la noticia y el deber de reunirnos para intentar congeniar los deseos expositivos de cada patria chica con las limitaciones que imponía el número de municipios de Extremadura: Era tanto lo que podía enseñar, que no era bueno una exposición sumatoria compuesta por todos y cada uno los 388 municipios; así que al diseño popular le correspondía pensar de forma comarcal para unificar criterios pueblerinos, animar conjunciones y rebajar celos.

Nosotros pertenecemos a la comarca que no baña el Tajo ni el Salor porque son ríos que se encajonan enseguida; comienzan nuestras tierras por donde pasa el Almonte y el Guadiloba pero no entran las tierras de Cáceres porque nunca se quiso mezclar la villa nobiliaria con el populacho. Y terminan nuestros lugares allí donde las piedras son albas y comienza Portugal. Fíjense qué navaja terrenal. Demasiados pueblos para decidir una o dos muestras gloriosas de la comarca para que el universo universal contemplase nuestro universo.

La cavaera es la herramienta que descompuso nuestro bosque mediterráneo empujándolo a la desertificación

Así que unos decían que aquel tesoro que se encontraron era lo meritorio, otro argumentaba que tal patena no tenía parangón, también se defendía la gloria y reliquia de algún santo patrono, también surgieron las vírgenes,… y así se enturbiaba la elección ante tanta y variada valía. De modo divergente propuse que el elemento que mejor representaba y representaría nuestra esencial historia y futuro es la cavaera.

¿Qué dices !…?

La cavaera es la herramienta que descompuso nuestro bosque mediterráneo empujándolo a la desertificación; tumbó encinas, arrancó retamas, descuajó alcornoques, despreció tomillo, aulaga, sabina, lentisco, boj, aladierno, zarzaparrilla, romero, coscoja, garriga, maquía, madroñas, …todo ello desde las manos rudas, callosas e inocentes de criados mal pagados, que de tanto doblar la espalda hicieron más ricos a los ricos para seguir manteniéndose pobres. Los campos cambiaron, las nubes huyeron y los manantiales se cegaron.

Tengo una cavaera, que se la regalo a Greta Thumberg para que la muestre en el COP25. La duda que tengo es que si debe entregársela el alcalde de Casar o el de Cáceres.

Goyo

11-dic-19

Otra semana

 

Eso de no cambiar tiene sus fijas consecuencias. Hay personas que se asustan al llegar el lunes, otras lucen cuerpo los sábados, cuando llega el miércoles hay gente que piensa que el viernes está cerca y suele ocurrir que utilizamos los domingos para prometernos que el nuevo régimen culinario se aplicará al día siguiente. Así construimos una diversidad congelada en clave del número mágico, el siete. Desde los asirios hasta los frikys utilizamos el cómputo semanal para organizar trabajo y descanso.

Cuando contemplamos que España se vacía en los pueblos y se atora en la ciudades, conviene que se despierten ofertas para equilibrar vicios y virtudes. A mí me parece observar que estamos fabricando una tendencia a vaciar las ciudades durante viernes, sábado y domingo; lo que implica que algo de los pueblos se llena. Por eso, de nuevo surgen opiniones tendentes a certificar el cambio de la tradicional semana de siete días por otra menos cansina que suponga compartir la tradicional semana en dos trozos: uno de cuatro días y el otro de tres. Así, algunas actividades comerciales y de ocio bien pudiera que fuesen trasladada en parte a los pueblos ocasionando entonces otras opciones de trabajo y descanso.

El problema radica en que nuestra llamada “Sociedad del Bienestar” está habituada a que sus servicios estén disponibles las 24 horas a la vez que los usuarios tratamos de reducir tiempo de trabajo y aumentar los descansos.

Esta opción puede ser articulada tanto por las administraciones públicas como por las empresas privadas; los servicios estarían disponibles mayor número de horas sin necesidad de que el horario del trabajador coincida con la disponibilidad del servicio. Podemos así trabajar menos y dedicar más gente a trabajar.

Podríamos acordar trabajar y alternar periodos de descanso de tal forma que quien decida -o se le imponga- trabajar durante el periodo lunesmartesmiércolejueves, descansará todas las horas del periodo viernessábadodomingo. O viceversa. Con posibilidad de intercambio, alternancia y demás ajustes. O indagar en la jornada de seis horas, que también es múltiplo de veinticuatro para cumplir y facilitar los turnos.

Quizá de esta forma, todo el mundo estaría afectado por la duda de si es mejor trabajar el fin de semana o descansar de lunes a viernes.

Eso de la intimidad

 

 

A finales del siglo pasado, irrumpe en las escuelas la problemática derivada del binomio castigo /disciplina, tarea centrada en la creencia que una colleja era buen método para recomponer el orden, la atención o los aprendizajes. La evolución de algunos principios pedagógicos supuso que de forma tan lenta como imparable, fueron desapareciendo los castigos físicos sin que con ello se aminorasen los fenómenos de indisciplina o se aumentasen los rendimientos intelectivos.

Quizá fruto de esta evolución, se instaló en el profesorado la sensación de pérdida de autoridad a la vez que se instalaba en los padres una novedosa posibilidad de influencia en los asuntos educativos. En esos tiempos, cualquier conflicto relacionado con la indisciplina escolar suele ser interpretado en favor de la versión de los alumnos, protegidos por los padres, quedando el profesorado desposeído de la presunción de inocencia y con la mochila de la prueba en contrario.

Por cosas de la buena fortuna, seguimos interesados en que el fenómeno educativo obtenga los beneficios más amplios y gozamos ahora de una tendencia que trata de evitar conflictos pasados. Evidentemente, nacen otros nuevos y es en el entorno escolar donde de preñan, crecen y florecen. Y de los cientos de resultados que se dan para observar, actualmente interesa mucho incidir en el campo del desprecio, de la intolerancia, del acoso,… con especial atención al acoso sexual.

La fiscalía gallega propuso instalar cámaras en aulas y despachos para prevenir desmanes varios, entendiendo que así se promovía la acción de la Justicia ante los derechos de los ciudadanos y del interés público. No han faltado sectores sociales y personas concretas que califican de “barbaridad” la oferta porque conculca el derecho a la intimidad de alumnos y profesores.

Si la educación de la escuela es considerada como servicio público, huelga considerarla como experiencia socializadora íntima, aunque existan experiencias educativas familiares o de grupo que sí tengan esa condición; por lo que no debería sorprendernos que se publiciten para las personas interesadas en caso de que la grabación pudiera solventar el problema.

Mi duda aparece porque no sé si es prudente la alternativa de permitir a los padres que contemplen “in vivo” cómo aprenden sus retoños y cómo se comportan.

 

Goyo

23-sep-19

 

 

La añagaza

 

Una añagaza es una trampa no muy astuta, pero efectiva si uno no revisa su propia inteligencia. 

 

 

No conozco a ninguna antropóloga que diga que la ciudad es un invento que sirve para vaciar a los pueblos; tampoco a ningún antropólogo. El mundo de la Sociología y de la Politicología tiene bellísimas definiciones del concepto de ciudad, pero ninguna es acusatoria. El descompuesto mundo del periodismo, envenenado por su reciente descubrimiento de las “fake news”, sólo sabe referenciar la cosa del vaciado para intentar mostrar su ética informativa y protectora del problema: manda corresponsales a los pueblos más repletos de jubilados como antes se enviaban a las guerras a los fotógrafos. Indagan en las penurias de las prospectivas, pero tan sólo refuerzan lo que ya no es noticia aumentando con ello el efecto de apartheit que fabrica el falso progreso urbanita.

Tampoco conozco la razón por la que el Parlamento Europeo me incluyó en la lista que yo llamo de los cuarenta lusitanos (20 extremeños + 20 portugueses) que en junio de 2011 fuimos invitados para conocer en aquel templo la nueva PAC. Y allí, dos franceses, dos ingleses, un alemán, dos italianos y una española nos sacudieron las entendederas para que transmitiésemos la buena nueva europea, que se basaba en asegurar que se aseguraba y fijaba la población rural en los pueblos dotándola de protección y ayuda.

Y fue entonces cuando mi inocente duda expuse ante el octeto parlamentario inquiriendo por si alguno del grupo habría propuesto solventar la crisis rural a base de inyectar dineros procedentes de nuevos impuestos a los habitantes y empresas ubicadas en las ciudades.

¡Ah! Conocí desde entonces lo mismito que imperan en las mentes dirigentes de la Economía del FMI y que se implanta en las neuronas cansadas y rivereñas: que hay que bajar los impuestos, que aquí todos somos nobles aunque las personas sigan siendo plebeyos. Desde entonces sigo contemplando la casi unánime defensa de que debemos confiar esperando los efectos de una especie de trance taíno porque la tecnología social del chamán economicista ha suplantado al tradicional púlpito y la pobreza se sigue repartiendo con generosidad.

Seguirán regándonos los oídos para que entendamos nuestro voto como una ofrenda que lanzada  hacia la oscuridad, una confianza social más que un interés personal. ¡Idiotas! en una sociedad justa, la bajada de impuestos es una canallada.

 

Goyo

07-may-19

 

De nuevo, la falacia.

Hoy no necesito imagen que ayude a estas siguientes palabras, porque estoy cansado de oir la expresión “desarrollo sostenible” sin la aportación de nuevos avances. Yo nunca me sentí prendado por tal idea y expongo de nuevo mi parecer ante esta viciada idea.

Para los adentros del esquilmado terreno de la Lógica, una falacia es una falsedad disfrazada a veces de estructura argumental correcta pero edificada sobre cimientos movedizos, construida sobre presupuestos lingüísticos equivocados o, simplemente, un embuste elegante. Una falacia, en fin y en principio, es un desafío inteligente destinado al buen uso de los torpes.

En lo que me preocupa, la expresión internacionalmente conocida como “desarrollo sostenible”, sustentable o perdurable, aparece por primera vez en el documento conocido como Informe Brundtland (1987), fruto de los trabajos de la Comisión de Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas, creada en Asamblea de las Naciones Unidas en 1983.

En este último cuarto de siglo hemos edificado a su abrigo, lo que pudiera denominarse “generación adepta al principio del desarrollo sostenible”, como gente creyente en que el desarrollo puede llevar consigo la sostenibilidad, la no agresión a los ritmos que consideramos naturales para el mantenimiento de la biodiversidad que conocemos.

Desarrollo” implica no solo crecimiento simple y cuantitativo, sino crecimiento enriquecido, aumento de dimensiones con aumento de grado madurativo, con progresión de funciones derivadas de las nuevas dimensiones, incluso con aparición de “marches” nuevas, de nuevas aplicaciones, … incluso de dotación “ad hoc” para nuevas necesidades (asimilación, acomodación, adaptación)…

Desarrollo” en la concepción de nuestra cultura implica “sinfín”: altavoces con más watios, coches con más caballos, bombillas con más candelas, carretera con más anchura, edificios con mayor altura, puentes con más vado, metralletas con mayor cadencia, personas con más millones,… (¿poblaciones con más hambre?).

Sostenibilidad” parece que debe entenderse como la capacidad o propiedad que debe tener una acción para asegurarse la autonomía, que no deba depender de otra circunstancia, que se soporte a sí misma, que su condición de sostén no erosione o exija otro sostén.

Los indicios pasados, presentes y futuros parecen indicar que el binomio “desarrollo sostenible” ya no se sostiene. O se sostiene de forma tan calamitosa que provoca respuestas organizadas por la generación que ha de sustituir a la del “desarrollo sostenible” y que no he ser yo quien la bautice; pero que indudablemente va a plantearse el límite ético del desarrollo.

Y hablando de límites, el de los recursos naturales sugería tres reglas básicas en relación con los ritmos de uso de una actividad de progreso para que no deteriore el almacén natural de fuentes de desarrollos sostenibles:

1. Ningún recurso renovable deberá utilizarse a un ritmo superior al de su generación.
2. Ningún recurso no renovable deberá aprovecharse a mayor velocidad de la necesaria para sustituirlo por un recurso renovable utilizado de manera sostenible.
3. Ningún contaminante deberá producirse a un ritmo superior al que pueda ser reciclado, neutralizado o absorbido por el medio ambiente.En el último caso, por ejemplo, no existe a nivel global un control riguroso de la producción de la industria química; y si pensamos en su faceta de la industria armamentística, el escándalo obtiene cotas realmente insostenibles.

La burla, o la desobediencia del segundo caso, que afecta más a la industria energética, parece que es el más conocido: la energética de los fósiles se sigue utilizando a mucha mayor velocidad que las nuevas formas de producción de energía. Ni siquiera existe la definición de la sostenibilidad promulgada.

En el primer caso, su aceptación primigenia hubiese supuesto desde el mismo principio la radical negación a utilizar energía o productos derivados del petróleo; o al menos el planteamiento de una reducción procesada.

Estamos, por triplicado, ante un intento de verdad que habiendo sido dicha más de mil veces se ha convertido en mentira.

 

Goyo

27-03-19

No hace falta que hoy sea el día de la Tierra, el Árbol, del Agua,…