Los papeles de Tovar

El blog de Gregorio Tovar. Una invitación a que revuelvas y critiques los papeles de un maestro de escuela.

¿ Por una jornada laboral de seis horas ?

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(Primeros apuntes para entender el paso de los “Mártires de Chicago” a los esclavos de los paraísos financieros.)

En Chicago, que está en los Estados Unidos, en 1884, hace 126 años; una Convención de trabajadores organizados, inició lo necesario para que la sociedad tuviese al frente una nueva idea de jornada laboral: con ocho horas de trabajo al día debería ser bastante frente a las 10, 12, incluso 16 horas de trabajo que entonces se consideraban “normales”.

No hay que olvidar que los Estados Unidos de América, en su infancia política, se adelantaron formalmente a los principios revolucionarios que triunfarían en Francia en 1789. Aquella “América” fue también campo de experimentación para algunos socialistas utópicos (Owen, Cabet, Fourier), creando colonias comunitarias con inmigrantes ingleses pobres, conocedores profundos de la inhumanidad empresarial británica de la época y profetas de la nueva lucha por la reducción de la jornada de trabajo. Bien es verdad que buena parte de los obreros propiamente norteamericanos, muy influenciados por la diversidad de sectas religiosas (mormones, metodistas,…), se conformaban buscando consuelo dominical en la iglesias para poder soportar anímicamente otra semana de ceguera.

Desde la década de los 60 (1860) es decir, hace ya 150 años, se venía pidiendo una reducción de la jornada laboral. No ya solo porque las condiciones de seguridad y descanso lo mereciesen; sino porque ¿para qué nos han de servir los descubrimientos sobre la Mecánica, los avances en la perfomance de las herramientas, si no se convierten en ventajas para las empresas y los obreros ?. No solo para las empresas. No solo para los obreros.

¿ Qué motivos pueden utilizarse hoy para reivindicar una reducción del tiempo de la jornada laboral ? Contemplo las obras del AVE, que están junto a mi viña; lo que se anunció como tremenda oportunidad de refrescar empleos, se presencia como un pequeño hormiguero de camiones y máquinas que apenas dejan ver al hombre. Muchos de los trabajos que ayer requieren menos personas hoy; por suerte, nacen trabajos nuevos donde la máquina no puede sustituir a la persona: son los campos de atención social, de dependencia, de infancia, de educación,…es indudable, y atosigante, el conjunto de factores que han modificado el complejo mundo laboral.

Contemplando esta problemática a nuestro alrededor, un apunte ligero y breve nos dice que la población española que se encuentra en condiciones legales de contratar su trabajo por dinero, es de unos 23 millones de personas; de ellas, como una quinta parte, no encuentra oportunidad de hacerlo. Las otras cuatro quintas partes, unos 18,5 millones, conoceremos nuevas condiciones procedentes de la nueva Ley de Reforma Laboral. Esta nueva regulación se dice que está pensada para fomentar una mayor ocupación de la población en condiciones de trabajar.

Los últimos datos de la encuesta sobre la población activa, nos informa que cuatro millones y medio de parados, más dieciocho y medio de ocupados componen los 23 millones de personas de la población activa. Repitamos: 4,5 millones de activos sin trabajo junto a 18,5 millones con trabajo. Esta circunstancia, en números gordos, nos indica que todo lo trabajable en este país es bastante con las cuatro quintas partes de la población en condiciones de hacerlo; todo lo que es necesario hacer a través del trabajo, se hace realmente con las cuatro quintas partes de los trabajadores disponibles. Esta situación parece no agradar a nadie. Si lo ideal es el pleno empleo, hagamos cuentas:

El potencial horario de 18,5 millones de personas trabajando una media de 40 horas semanales asciende a 740 millones de horas; si ahora repartimos todo el capital horario necesario entre todo el potencial laboral disponible, obtendríamos que la teoría distributiva nos empuja a considerar que habrá que repartir el pastel laboral entre los 23 millones de trabajadores, lo que resulta una media de 31 horas semanales; o sea, unas seis horas diarias. Nótese que el número seis, como el ocho, es múltiplo de 24, lo que también posibilita la atención laboral permanente pasando de tres turnos a cuatro para los servicios que requieran una oferta repleta durante todo el día.

Una de las “arriesgadas” conclusiones es que tendríamos que conformarnos con trabajar una quinta parte menos, lo que supondría ganar -evidentemente- una quinta parte menos de nuestro actual salario; y así entonces, toda la población podría soportar mejores condiciones de seguridad en el trabajo aunque -por ahora- se verían alterados los salarios en beneficio de un pleno empleo.

¿ Qué dificultades tendría ejecutar un propuesta de tal índole? … pues ya verán ustedes qué diversidad de opiniones se presentan y qué nivel de fraternidad nos invade y alimenta. También podremos percibir las ganas de aportar con nuestro apoyo personal ese “derecho al trabajo” tan finamente jaleado para que sean los gobernantes quienes lo consigan y nos sigamos sacudiendo las manos. También es necesario desmontar lo inviable para mejor dedicar esfuerzos a lo posible.

Un ejemplo barato de los cientos que deben estudiarse, proponer y modificar: con un horario de seis horas, cuatro turnos en lugar de tres, en una fábrica. Supongamos que se pagase la hora de trabajo a diez euros.

Tres turnos x 10 obreros x 8 horas = 240 horas = 2400 euros
Cuatro turnos x 10 obreros x 6 horas = 240 horas = 2400 euros

En el estado actual de cosas, un obrero ganaría 80 euros/día y en el nuevo supuesto, obtendría 60 euros/día. En el primer supuesto la población laboral sería de 30 personas; en el segundo caso serían necesarias 40 personas.

Hemos de suponer que el potencial laboral que se encuentra ahora demandando un empleo, estaría dispuesto a aceptar la propuesta compartida. Esta propuesta, tiene además la particularidad de poder ser modificada en función de las necesidades globales de horas de trabajo y enriquecida con multitud de variables que no es este el momento de tecnificar con la montaña de datos, posibilidades y repercusiones que pueden derivarse.

Tú, como ciudadano, ¿te comprometerías a ganar menos, porque vas a trabajar menos tiempo y así podrían trabajar las personas que ahora no encuentran trabajo teniendo entonces su correspondiente salario?. Esa puede ser una primera pregunta. Yo sí.

Pero para todo esto, también sería necesario que cuando yo vuelva a buscar en Google “Organización Internacional del Trabajo” o “Internacional Socialista”(http://www.lainternacionalsocialista.org/ ) me debería encontrar con algo más de seis y cuatro millones de entradas, respectivamente.

Presentado el infierno laboral, otro día nos ocuparemos del paraíso fiscal.

Goyo
24-sep-10

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