La primera centésima

Calaveras

Los grandes males suelen aparecer tras los grandes remedios. Ya ven; aplicada la lógica popular de facilitar el campo para inundarlo de urbanizaciones que se inundaban a su vez de viviendas adosadas en unos casos, y apiladas en los casos más humildes, la producción agrícola pasó de dar lechugas o garbanzos, a rendir billetes de quinientos euros.

Otra vez más –quizá para aprenderlo aún mejor- hay que recordar que el rendimiento rústico superó al rendimiento urbano bajo la alquimia de la recalificación: volver a calificar, cambiando, la condición del suelo, fue la piedra filosofal con la que se inició el milenio dando en la primera centésima el fruto más catastrófico en el menor tiempo posible y para más gente posible. Todos rendimos en algún momento pleitesía a la moda qu embadurnaba lo útil con lujo desmedido y derroche sin freno.

Esta centésima milenaria (2000-2010) comienza a demoler todo lo construido en nuestro entorno europeo. Lo que se construyó antes, quizá fue incitado como consecuencia tras dos infernales guerras mundiales de las que salieron entre otros edificios:

Una democracia tan exportable como protegible.
Una ONU que serviría tanto de paragüas como de sombrilla.
Una Europa que se ensanchaba tanto como se unía.

Muchas mujeres y muchos hombres invadieron voluntades para convencer a todo lo que crecía de nuevo: que era posible un orden con disfrute de la libertad, que las riquezas deberían traducirse en servicios sociales y que, por eso, el Socialismo Democrático se constituía como la vía pragmática del Comunismo más viable y del Capitalismo menos agresivo. Europa del Norte fue la cuna, Europa del Centro fue el motor y la Europa sureña, el fruto prohibido. La Europa del Este fue la más beneficiada y la Europa del Oeste cumplía en todo este tiempo el vigilante trabajo del perro del hortelano.

El hortelano mayor habita tras el gran charco de Atlas, y por su estrategia sostenible, está abandonando la vieja huerta occidental por extensa huerta oriental. Como desde su posición geocentrada, le cae igual de lejos/cerca Asia, que no-Asia, así debemos entender la valía predictoria de las agencias de valoración de los créditos, los plazos, los bonos y los abonos, que son los elementos más importantes de la nueva técnica econoagraria: siembre usted a cambio de obtener primero un fruto ya cosechado. Naturalmente, después también debemos recoger parte de la cosecha o las correspondientes compensaciones en caso de inclemencia productiva.

Así, la primera salida inteligente es indignarse; ya está tomada. La segunda es agenciarse otra economía que no tenga perro que ladre al euro; la tercera es crear agencias de valoración autóctona, no ultramarinas. Y la cuarta y última es tomarse en serio lo de distribuir: distribuir la riqueza tendiendo a la imposible equidad, distribuir los impuestos tendiendo a la imposible sinceridad del declarante, distribuir las atenciones tratando de evitar el abuso.

Ayer hablaba con un empresario gijonés que posee unas trescientas grúas, (esos aparatos grandes como crucifijo de Lotino, que imperan la obras constructivas) pues de los tres centenares, cree que tan solo tiene ahora activas como una veintena, no tiene sitio para guardar las inactivas y lo que está haciendo es cortar las más viejas para chatarra. Junto con otras empresas de grúas, asociadas todas ellas, superan las dos mil grúas que hace cinco años atrás invadían cielos y suelos asturianos. Hoy no esperan nada de los nuevos planteamientos de Álvarez Cascos. Saben que el periodo está ultimado y mal amortizado. No hay salida. La solidez de una casa superará los 30 años; antes de ese plazo, sólo quedarán las rehabilitaciones, los adecentamientos y las escasas promociones nuevas y tasadas.

Y no se ve salida. No hay salida a este fracaso. Es imposible corregir borrones con más tinta.

Seguirá habiendo ricos escandalosos manejando lujos,… y mucho más pobres participando en su copago; pero no me hagan mucho caso: el discurso de los ricos y pobres ya no cala ni en Extremadura, según el señor Monago.

La segunda centésima de este milenio, requiere planteamientos que desprecien cualquier cercanía recién pasada. Allí donde perciba atisbos de inquietud honesta, me aproximaré por si hiciera falta. Y acudiré si me invitan.

Goyo
18-julio-2011

Una bandera para el futuro
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