El pozo

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Tengo un pozo. La gente que me conoce sabe que siempre está abierto para beber. El pastor que merodea por el valle se sirve a diario su ración de agua virgen y yo soy incapaz de acercarme a él sin probar lo que sigue guardando. El agua es limpia por no estar tratada y en él afluye a la misma velocidad que se fuga, y aún así guarda el inconfundible saber de agua de arena, del agua libre. El pozo -como he dicho- se enclava en el pequeño valle por donde transcurre un regato ocasional que anuncia cuándo es otoño, cuándo invierno, cuándo primavera y cuándo verano; así que suponemos que el pozo no es otra cosa que un pequeño almacén permanentemente abierto del manto freático. Como está muy somera la roca madre, en la mejor de las bondades del agua, apenas su profundidad llega a mi altura y en las épocas más bajas del seco septiembre, el agua aún cubre mis rodillas. El regato -que es la expresión rústica del culto arroyo- mantiene lo que nuestras leyes sobre el agua dicen que debe cuidarse de las tierras de su alrededor; el cauce de policía es generoso y respetado, caso infrecuente de cursos de aguas que a duras penas circulan por lo «urbanizado».

Así que debe ser entendible que organicemos «agua para las ciudades» pero que se mantenga el debate de cómo ha de pagarse el lujo que requiere el Urbanismo y la Higiene, que si el agua es bien común, lo mínimo exigible deberá ser gratis (1,8 litros por persona y día) y el resto, al precio que dicta la dictadura de la Justicia Distributiva. Otro día explicaré que no es un pozo de petróleo.

Y quien no esté de acuerdo, que vaya a nuestro pozo.

Goyo
Día Mundial del Agua.
Una banderita para las aguas del campo 😉
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Ya lo decía mi madre.

. refinería

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Según un biólogo -que mi madre sabe algo menos- el complejo proyecto de instalar una refinería de petróleo en el sur de Extremadura es «discutible«.

Esto no es nada nuevo y así llevamos viejos tiempos; pasan los meses y perduran los ánimos enfrentados: los que la quieren se quejan inseguros de tanta tardanza ministerial y lo que la detestan reciben otro grado de inseguridad; lo que para unos es indicativo de que existen dudas razonables que tratarán de ser resueltas exquisitamente, para los otros son verdaderos indicios de inviabilidad del proyecto. Vuelven a la carga las discutidas consecuencias de salud y trabajo.

El exitoso grupo empresarial extremeño que tiene en sus ilusiones la puesta en marcha de la gran factoría del refino, ne cesa marcha en aportar correcciones que de una parte y de otra le demandan: que eso no es sólo extremeño porque también es andaluz, que eso no es sólo español porque es también portugués y europeo, que eso no afecta sólo a las tierras porque también afecta a las aguas del Guadiana, que eso requiere comunicar con tubos la costa con el interior,… y en ese entubar es donde se recrudecen de nuevo las inmensas dudas que sirven de alimento a las diatribas.

Ya lo vi hace más de una año ojeando un periódico de Huelva; diversos colectivos que se declaraban vigilantes de la zona norte de provincia, que sería atravesada por la conducción de crudos y cocidos, proclamaban sus miedos a los escapes. Y es que conociendo el estado de la cuestión a la hora de trasladar el agua potable (hoy es el día Mundial del Agua) pregunto a mis cercanías cómo sería la cosa con el transporte de crudos refinados o sin refinar.

En los años de la crisona verdadera, mi madre vigilaba a diario el estado de estanquiedad de las tres cántaras de hojalata que guardaban el aceite para todo el año: «… y es que el aceite es más fina que el agua»; y decía la palabra «fina» poniendo los labios finos.

Goyo
22-mar-10
Día Mundial del Agua.

Bande