Huelga

 

 

 

A mí me dicen la palabra “huelga” y quiebro el resto de las obligaciones y oficios. Al menos así respondía de cuerpo y alma en los tiempos pasados cuando ir a la huelga era mucho más que la alegre gamberrada de no presentarse al trabajo y así detener seriamente la actividad energética, comercial, industrial, de comunicaciones y de servicios del país. De tal modo que, tan sólo las actividades políticas y sindicales parecían tener brillo mientras los días anteriores, en la fecha del evento y durante los días posteriores.

 

Una huelga duraba más que una novena y los frutos lentos aparecían nada más surgir la convocatoria; la cosecha -no siempre abundante- apenas necesitaba de la lluvia. Para mejor recompensa, hubo incluso un tiempo en el que las administraciones ni tan siquiera se atrevían a aplicar la retención de haberes correspondientes al libre ejercicio; pues el ímpetu del mundo obrero podía volver a rechinar los engranajes.

 

Decidido el muermo obrero y sindical a suavizar los paños para que ningún cristal se rompiese, no tuvimos mejor ocurrencia que seguir convocando paros, jornadas de lucha y huelgas debidamente educadas, ordenadas,… incluso respetuosas; y además, sentirnos orgullosos de cobrar la nómina de ese mes con el descuento pertinente. Había hasta grupos adoratrices de la llamada “huelga a la japonesa” que ya saben ustedes que es una especie de inmolación laboral que cultiva tanto la riqueza de los ricos como la pobreza de los pobres. Así que lo que conviene hacer es lo que dice una manceba de mi pueblo: “Trabajad, coño! Que así es como se levanta a España, trabajando!”. ¿Comprenden por qué y cómo funciona esto?. Se dijo en la víspera: esto funciona.

 

Esta no será la última huelga de la primavera ibérica que reivindica unos servicios educativos propios de una tribu organizada, lejos de una amañada “competitividad corrompida” donde se podrá decir a los infantes que deben bien fijarse en las condiciones del trabajo infantil de Bangladesh, que los chinitos y los negritos trabajan a su decir y corren como gacelas.

 

Vale, eso fue el pasado jueves. Hoy es martes, más de un millón de licenciados y masterizados siguen descansando en la rutina de no presentar ninguna duda,… ni sus padres, ni sus hermanos, ni sus vecinos. Sólo algunos tontos seguimos dudando.

 

Goyo

14-may-13