Material escolar

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El primer lunes del año -que para muchos comienza ya en septiembre- la prensa dice que los ocho millones de alumnos españoles de la escuela básica inferior –por no confundirla con la que se dice superior” serán atendidos por docentes recortados en decenas de miles. Puede que sea otra consecuencia de esa luna azul, que es otro timo de la especie “menos impuestos, más empleos”; pero más hermoso,… por lo lunático … que si me dedicase a mostrar números, relaciones  y porcentajes dejaría de mostrar letras.

 

El caso numérico es que esos mágicos lápices que tanta raya guardan en sus minas van a ser más caros,… y los bolis –que hace años que no veo acabarse la tinta- y los colores diversos que pintan maravillas el primer día y se agostan antes de llegar el invierno,… y las hojas blancas y los exquisitos libros de consulta…

 

Todo se muestra encarecido. “Encarezcamos el material ya que lo espiritual se presenta barato”. Pienso yo que algo así habrán propuesto las cabezas pensantes. “No, lo mejor es asignar una especie de salario al estudiante en función de sus resultados”. “No, no, no… lo mejor es conceder un plus mensual a los profesores que más rindan”. Y así digo yo que habrán estado debatiendo los popes educativos antes de que la luna azul de agosto mostrase todo su azulado esplendor.

 

“Pero… ¿ a los niños y a las niñas los vamos a considerar material escolar ?”. “ Calla, calla! …si acaso a los profesores, y al resto de servicios “. “ El profesorado está muy molesto y desanimado”. “ Saben sufrir. Digámosle que ya hemos compuesto una lista de espera para reconfortar su pérdida de poder adquisitivo, que cuando esto mejore se actualizarán los salarios.”. “ Sí, seamos compasivos y comprensivos, que bien pronto tendremos que convencerlos de eso de que los niños han de estar con los niños y las niñas con las niñas”.

 

Tan sólo conviene sentirse compasivo con ese Ronaldo que el otro día se fue cojeando, dolorido y triste, aunque él mismo nos diga que el dinero no lo es todo.

 

Pues esa es mi duda, que yo, sin embargo, pienso que el dinero lo es todo y que quizá por eso no soy tan famoso ni tan rico como Ronaldo y ando triste, dolorido y cojitranco.

 

Goyo

11-sep-12

 

 

Cieguita

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Doy paso a mi alumna Indara Núñez Cardona. Muchachina de diez años que, aprovechando lo que dice la escuela de la prosa, la poesía, los signos de puntuación, la rima y el ritmo, ha compuesto este poemita. «Inventada» es la etiqueta que le asigna a la octavilla en la que me lo presenta.

Cieguita

Te veo…
No te veo…
Estoy ciega de amor.

Vivo la vida en blanco y negro
y tú la vives en color.

¡ Ojalá pudiera ver las flores del campo !
¡ Ver tu cara bonita !
Por desgracia, no puedo vida mía:
estoy cieguita.

Sigue valiendo la pena ser niño, trabajar con ellos y dudar de la bondad de otras edades.

Goyo
08-feb-11

Las nuevas cuentas.

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La gente hace cuentas. Recientemente, los contables de los pensionistas han añadido a sus números la tendencia declarada que afirma que la vida se extiende a pesar de las enfermedades. Viviremos más tiempo, con más oferta de comprimidos, ungüentos, jarabes,…. incluso tubos y sondas de plástico transparente por donde circulan libremente la vida y la muerte. Como no hemos sido capaces de sustraernos del hábito de pagar estas dependencias con dinero, los contables aseguran que el reparto futuro para la atención a las últimas edades, no será como en la actualidad. Tardaremos más tiempo en ser viejos, dispondremos de mayor tiempo en el que sin trabajar sigamos percibiendo un sueldo pequeñito y estaremos más tiempo cultivando la enfermedad y retardando el verdadero despido.

Por fin se ha culminado la cuesta de enero y todos los elementos que denominamos «agentes sociales» se felicitan por tanta cordura común, por tanta coincidencia de previsión compartido. El júbilo que debe causar el cobrar sin trabajar se retrasa un poquito y de forma gradual; previsiblemente al mismo ritmo en el que se instalarán dolencias, deficiencias y males.

No importa, las necesidades que tal futuro asegura se han resuelto. Habrá dinero para distribuir, para asegurar la ingente factura de los extremos de nuestras vidas: la infancia y la senectud. Quizá nos importe menos la infancia porque es presumible que no llegaremos a conocerla, el caso es que estamos convencidos de que hay que ahorrar/reservar para atender/repartir.

No obstante, presentándose tan claras las razones que tardarán en observarse, no me explico por qué los mismos «agentes sociales» no hacen una sencilla división de todo el trabajo que tenemos que hacer en este país y dividirlo entre el número de personas dispuestas a trabajar; el cociente debe salir obligatoriamente menor ya que el divisor «debe ser» moralmente mayor. Hay muchos miles de miles esperando su ración de tiempo laboral.

¿Por qué es tan difícil avanzar hacia una jornada laboral de seis horas?
¿No es ahora tiempo de avances sociales aunque sean también austeros?
¿Para qué tanta máquina que no rebaja horario de la persona?
Dos horas más de ocio, ¿no es una nueva posibilidad de negocio?
Los que tenemos ahora la suerte del trabajo, ¿no podremos conformarnos con menos?

Goyo
31-ene-11
Día del final de la cuesta.